Rafael Rofman: "Se puede dar el nivel de jubilaciones que se quiera, si se sabe cómo pagarlas"

18/12/2017 · Especificas

El economista del Banco Mundial dice que la movilidad propuesta permitirá, con el tiempo, mejorar el poder adquisitivo; acusa a la fórmula actual de poco transparente


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 Cargo: Líder del Programa para Educación, Salud, Protección Social, Trabajo y Pobreza del Banco Mundial (Argentina, Paraguay y Uruguay).

Profesión: Economista (UBA), con un doctorado en demogafía (Universidad de California)


Al combinar la evolución del índice de inflación con el de salarios, la fórmula de movilidad jubilatoria que propone el Gobierno permitirá, a lo largo del tiempo, que haya mejoras en el poder adquisitivo de los jubilados, aunque podría haber períodos en los que ello no ocurra. Así lo cree Rafael Rofman, economista del Banco Mundial, quien señala que el sistema de actualizaciones vigente desde 2009 es poco transparente y arroja resultados muy volátiles, lo cual no es bueno.

Rofman es Líder del Programa para la Educación, la Salud, la Protección Social, el Trabajo y la Pobreza del Banco Mundial para la Argentina, Paraguay y Uruguay, cargo al que llegó tras haberse dedicado, desde otros puestos y desde el ámbito de la investigación, a temas jubilatorios. Fue uno de los editores de Los años no vienen solos, un informe sobre las oportunidades que le da a la Argentina atravesar su "bono demográfico", el período previo a que lleguen mayores complicaciones para financiar los pagos previsionales y los servicios de salud, derivadas de los cambios en la composición de la población según franjas de edad.

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Con una mirada que va más allá de la discusión que en los últimos días caldeó los ánimos políticos, Rofman dice que un país puede definir garantizar las jubilaciones que quiera, pero tiene que hacer las cuentas antes para ver cuánto van a costar y cómo se van a pagar. Es una conclusión que en la Argentina de los últimos tiempos no parece haberse llevado a la práctica.

-¿Qué opina de la fórmula de movilidad de la propuesta oficial?

-Se ponen criterios que se usan en muchas partes. Hay países que usan índices de precios, otros que usan índices de salarios, y en este caso hay una mezcla de las dos cosas; cuánto de una y cuánto de la otra es una discusión política y no técnica. El proyecto de ley también levanta la restricción de la edad de retiro para quienes quieran seguir trabajando hasta los 70 años y eso es muy razonable [se busca disponer que los empleadores sólo puedan intimar a hacer el trámite jubilatorio a un empleado que haya cumplido 70 años].

-¿Y qué evaluación hace del sistema de movilidad que está vigente desde el año 2009?

-Fue importante su aprobación, porque se estableció un mecanismo de movilidad en un escenario que era de discrecionalidad. Antes, el gobierno daba lo que le parecía y todo era impredecible. La fórmula actual es muy procíclica y eso le da mucha volatilidad, cuando la idea de una movilidad es tratar de sostener para los jubilados el valor de sus haberes. La idea es otorgar el beneficio que se considere que es justo y que se pueda pagar, y, a partir de ahí, tratar de que ese valor se mantenga. Esta fórmula provoca subas y bajas raras; es poco transparente y difícil de entender.

-La combinación de inflación y salarios de la fórmula propuesta, ¿no hace que, tal como pasa también con el mecanismo actual, si en un período los sueldos activos bajan en términos reales, también disminuya el poder adquisitivo de las jubilaciones?

-Es una discusión técnica sobre el tema de usar solamente inflación o salarios, o usar una mezcla. Si usás solamente inflación, clavás el poder adquisitivo. Si usás salarios estás diciendo que te interesa mantener un ingreso que sea una proporción razonable de lo que cobra la gente que está en el mercado de trabajo. En ambos casos hay pros y contras. Como se presume que la economía y los salarios reales crecen en el tiempo, la combinación te garantiza compartir esa mejora con los jubilados. El problema es que eso crece en el tiempo, pero no necesariamente todos los años. La mezcla te permite proteger la capacidad de consumo y ofrecer participación en la productividad, a cambio de arriesgar un poquito de volatilidad, pero se presume que en el tiempo los salarios tienden a crecer.

-Hay una discusión centrada en cómo será la transición entre el viejo y el nuevo sistema, porque en marzo se compensaría sólo la mitad de este segundo semestre de 2017 y en junio, la otra parte, mientras que el sistema actual prevé dar la compensación del semestre entero en marzo.

-Es una decisión política eso. Es una decisión del momento en que querés empezar el proceso.

-Pero según cuál sea la decisión hay un efecto económico para el bolsillo del jubilado.

-Son decisiones difíciles, que se toman en función de la situación fiscal y de la negociación con los partidos políticos.

-El proyecto busca garantizar un ingreso de al menos el 82% del salario mínimo, sólo para quienes aportaron 30 años, ¿qué opina?

-Creo que están tratando de responder parcialmente a la aspiración social del 82%, dando esa garantía a quienes se les reconoce una historia contributiva. El 82% es un número basado en la historia argentina, pero no es lo que un grupo de científicos determinó que es el valor correcto de las jubilaciones. Me parece que la discusión de fondo es más compleja y llegará el año que viene: cuando uno habla de sistemas previsionales habla de cobertura, de cuánto pagar y de cuánto cuesta. El mejor sistema del mundo es el que le paga a todos 20.000 dólares por mes y cuesta el 2% del PBI... ¡Pero no existe! Hay decisiones que tienen que ver con encontrar puntos de equilibrio y la discusión importante es la que tiende a definir cuántos son los recursos que estoy dispuesto a poner en los mayores y cómo los voy a distribuir, sabiendo que lo que pongo ahí no lo pongo en otro lado. Hay que asumir que los recursos no son infinitos y elegir el equilibrio más razonable que sea aceptable social y políticamente.

-¿Cómo vería una reforma que se proponga elevar la edad jubilatoria en forma obligatoria?

-La experiencia en el mundo muestra que cada vez que se intentó subir la edad mínima jubilatoria por razones fiscales, todo salió al revés, porque la gente se asusta y se jubila antes de lo que pensaba jubilarse. Creo que para cualquier sociedad es importante entender que, a medida que mejoran las condiciones de vida, vivimos más años y tenemos trabajos menos demandantes en términos físicos, existe la posibilidad de trabajar más tiempo, y en muchos casos realmente la gente quiere trabajar más tiempo. No me imagino que en 2100, cuando la expectativa de vida de las mujeres llegue a los 90 años, se jubilen a los 60 y pasen 30 años jubiladas. Pero eso no quiere decir que haya que cambiar la edad el año que viene. Sí que hay que pensar mecanismos para que, a lo largo del tiempo, las mujeres puedan ir produciendo, aportando y desarrollándose más; es poca la gente que sólo trabaja porque no le queda más remedio y si no, no haría nada. Lo que no tiene sentido es apuntar a que desde mañana cambia la edad mínima. Políticamente, algo así no se admitiría; fiscalmente, no resolvería el tema. Y se le complicaría la vida a mucha gente. Hay mecanismos flexibles para alentar a la gente a quedarse trabajando, como las jubilaciones parciales, trabajar pero trabajar menos... eso hace que se vaya postergando la edad de retiro.

-¿Pero eso no puede provocar un problema en el plano laboral, habiendo un mercado que hoy no logra absorber a todos los que van ingresando a la vida activa?

-El principal tema del mercado laboral es que hay quienes no cuentan con las habilidades necesarias para entrar en puestos productivos. Muchos jóvenes quedan afuera no necesariamente porque no haya puestos, sino porque no hay lugar para personas con las habilidades y conocimientos que ellos tienen. Eso tiene mucho que ver con fallas en el sistema educativo. Por otra parte, con el paso del tiempo la población en edad activa va a disminuir. Me preocupa ver cómo se hace para que quienes trabajen tengan la productividad suficiente, siendo menos, para generar la cantidad de bienes y servicios necesarios. En el corto plazo, pasa que hay empresas que no contratan porque hay una persona grande que no se va. Pero cuando mirás el agregado de la economía, no hay una batalla por los puestos de trabajo entre las personas de más años y las de 18 años. Son muy pocos los puestos en los que es indiferente que trabaje alguien de 65 o alguien de 18.

-¿Cómo sintetizaría las razones por las que hace falta una reforma jubilatoria integral?

-Hay una combinación de razones. Una es normativa: hoy las leyes son una colección de normas que se contradicen entre sí y hace falta tener algo mucho más simple y transparente, que defina qué modelo queremos, si el de dar una cobertura básica universal con un esquema contributivo y beneficios proporcionales para quienes contribuyan. Ahora tenemos la PUAM [la Prestación Universal para el Adulto Mayor, que se otorga con el requisito de tener 65 años y equivale al 80% del haber mínimo], que está vigente hasta 2019, y habrá que decidir algo llegado ese momento.

-¿Y en cuestiones de financiamiento del régimen?

-La lógica del financiamiento de las políticas públicas en cualquier país debería fundarse en un principio de caja única. El Estado recauda impuestos e implementa las mejores políticas que se pueda. Hay que ver la mejor combinación posible de impuestos, pensando en un impacto redistributivo y también productivo.

-¿Se refiere a que no haya recaudación con asignación específica?

-El punto es minimizar las asignaciones específicas, porque con ellas se pierde libertad para la estrategia de definir políticas públicas. Esto no quiere decir que no se defina qué beneficio previsional darle a la gente, vinculado a lo que pagó en su vida activa. El Estado debe definir cuál es el sistema previsional y garantizar el financiamiento. Desde hace muchos años hay una combinación de recursos que van a la Anses: hoy la mitad no son aportes y contribuciones previsionales. Y la mitad de los gastos tampoco son previsionales. Se cree a veces que la Anses recibe sólo de quienes contribuyen y eso no es verdad. Y no me parece que esté mal que no sea verdad. Y no está mal que el Estado le pague a gente que no contribuyó.

-¿Pierde relevancia la tradicional discusión de tantos activos por tantos pasivos?

-Sirve para entender cómo funciona un sistema. Pero, por suerte, en la Argentina decimos que queremos que todos los adultos mayores estén cubiertos.

-En cuanto al haber jubilatorio inicial, ¿el Estado debe garantizar un porcentaje efectivo del salario de la persona?

-El Estado puede garantizar la tasas de sustitución que quiera y tiene que sacar la cuenta para ver cuánto le va a costar. Si quiere garantizar el 82% de su ingreso a todo el mundo, le va a salir muy caro y tendrá que ver cómo pagarlo. Lo que no podés hacer es decir que vas a garantizar algo sin haber hecho la cuenta y sin ver cómo lo vas a pagar. Hoy no parece haber espacio para gastar mucho más, ni tampoco para sacarle cosas a la gente.

-Entonces, pensando en una reforma integral y en cuanto al tema del nivel de beneficios que ofrece el sistema, ¿no hay mucho margen para cambiar la situación actual?

-El nivel promedio de beneficios futuros no debería cambiar mucho. Debería mantenerse parecido si se piensa en términos de relación con los salarios. Sí creo que debería haber menos jubilados, porque la gente va a tender a retirarse más tarde y porque, por regímenes especiales, hoy hay muchos jubilados jóvenes y eso es algo para rever hacia adelante.

-Y en el caso de autónomosy monotributistas, ¿qué revisión se requiere?

-Eso es parte de un problema serio. Una discusión es cómo contribuye esa gente, cómo hacer para que aporten algo razonable, porque a veces pagan nada y a veces pagan de más. Es difícil resolverlo.

-¿Hay algún país que usted considere que tiene un sistema al que la Argentina podría mirar especialmente?

-No, porque no hay ningún sistema que no tenga problemas y porque no hay ningún país igual a otro. Una cosa que funciona en un lado puede no funcionar en otro.